22 de agosto de 2026

Ángel Delgado: «En EEUU vendía bizcochos para completar la beca»

Un récord nunca se obtiene sin sacrificio. Lo sabe bien Ángel Delgado. Sus 20 rebotes ante el Casademont Zaragoza son la mejor marca en una década en la Liga Endesa. Para él, una página más de una historia de superación desde su República Dominicana natal que incluye vender bizcochos para completar su beca en Estados Unidos, tocar el cielo de la NBA y vivir el baloncesto español que antes seguía por televisión en el Movistar Estudiantes.

Apoyado en su permanente sonrisa, Ángel Delgado (Bajos de Haina, República Dominicana, 1994) atiende a EFE después de la sesión de tiro del entrenamiento del Estudiantes, que el pívot dominicano ameniza con música latina gracias a un altavoz portátil. Su adaptación ha ido poco a poco. Cuentan en el club que tras cada sesión se impone 150 tiros libres para mejorar en esa faceta.

Porque lo suyo es el rebote. Lo exhibió en el baloncesto universitario y lo sufrió el Casademont Zaragoza ante el que explotó con 20 capturas, mejor marca de la Liga en una década desde los 22 del estadounidense Paul Davis con el Cajasol Sevilla y la mejor de siempre del Estudiantes, igualando a Felipe Reyes en la 2002-03.

«Creo que es el partido con el que estoy más satisfecho porque también ganamos, pero si hubiéramos perdido no. ¿De qué vale coger 50 rebotes o meter 50 puntos si el equipo pierde? Fue uno de mis mejores momentos aquí en España, le doy gracias a Dios siempre, y a seguir, porque mi meta no es hacerlo solo una vez, sino muchísimas veces, como en la universidad», asegura Delgado.

Ese «muchísimas» no se queda corto, porque en los ‘Pirates’ de la universidad estadounidense de Seton Hall es el segundo jugador de la historia con más rebotes (1.455), fue varias veces máximo reboteador universitario y recibió un premio de toda una leyenda: Kareem Abdul-Jabbar, seis veces campeón de la NBA, le entregó en 2018 el galardón al mejor pívot universitario del año en Estados Unidos.

«Fue uno de los mejores momentos de mi vida. Recuerdo que me dijo: ‘me gustó lo que hiciste en este partido’. Prestaba atención a los jugadores. Lo guardo en mi corazón», rememora Delgado, que se define como aficionado al baloncesto «vieja escuela» que repasa los partidos de sus ídolos, Abdul-Jabbar y el nigeriano Hakeem Olajuwon.

UN BILLETE DE AUTOBÚS HACIA EL FUTURO

Pero los récords universitarios, sus registros en la Liga Endesa o sus dos partidos en la NBA con Los Ángeles Clippers no habrían sucedido sin un detalle: el dinero que le prestó un amigo de su madre para tomar el autobús que le llevó desde Bajos de Haina, donde vivía «en un barrio muy pobre», a Santo Domingo para participar en una prueba de baloncesto de un instituto estadounidense.

«Crecí muy rápido. En un año pasé de 1,85 metros a 2,06. Mis padres querían que jugar pelota (béisbol) y me sacaron del baloncesto. Pero yo seguí, confiaba en mí y salí adelante (…) Había unas pruebas para 50 jugadores, me dio el dinero un amigo de mi mamá para que fuera en autobús, y me dije: este día tengo que definir mi futuro», recuerda.

Delgado tenía 14 años y entonces era un exterior alto cuyo buen tiro sorprendió a los técnicos -«No me gustaban los golpes como ahora», bromea-. Lo consiguió y viajó a Estados Unidos a formarse en una escuela de aires militares, solo en un país extraño y sin saber «absolutamente nada» de inglés.

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