Es innegable: el futuro es digital
Después de haber vivido una pandemia mundial y haber pasado meses de confinamiento obligatorio se ha consolidado una tendencia hacia lo digital que ya venía tomando fuerza de antes. Lo que hace un par de años parecía un futuro lógico, terminó siendo un presente necesario y en muy poco tiempo se realizaron avances que de otro modo habrían tardado años en llegar.
Así, hemos visto cómo todas las áreas de la sociedad se veían obligadas a funcionar de forma remota y digitalizada. El teletrabajo, la enseñanza online a todos los niveles, obligatoria, extraescolar, voluntaria y para adultos, el consumo de contenidos informativos y de ocio, el comercio electrónico… todo hemos aprendido a hacerlo desde casa.
Si nos ha sido posible continuar en alguna medida con nuestras vidas ha sido gracias al trabajo que empresas públicas y privadas llevaban años haciendo para realizar sus procesos y ofrecer servicios de forma online.
Aún tardaremos algunos años en poder analizar el empuje real y cómo se asentará en el futuro más inmediato, pero algo ha quedado claro: ese futuro será en, su mayor parte, digital.
Uno de los sectores en los que podemos ver esta tendencia de forma muy clara es la banca. También es uno de los que provocan más rechazo a los más desconfiados. Sin embargo, después de vernos obligados, más de la mitad de los clientes de los bancos ya usan los servicios online en su día a día. Ya está totalmente normalizado consultar el saldo, realizar una transferencia o solicitar un préstamo desde un ordenador o un teléfono móvil. El uso de las tarjetas sin contacto también se ha incrementado durante la pandemia.
Es en este escenario cuando se empieza a escuchar el concepto de las sucursales híbridas: la banca en la nube. Hablamos con Niccolò Garzelli, vicepresidente Sénior de Ventas de Auriga, para que nos cuente más sobre las nuevas tendencias en banca digital:
«Con el progresivo cierre de sucursales, una tendencia acentuada por los movimientos de fusiones entre entidades, la banca se enfrenta a importantes desafíos operativos. Por un lado, optimizar sus costes de gestión y personal. Por otro, garantizar la inclusión financiera de segmentos de población en riesgo, ya sea por vivir en zonas rurales o aisladas o por su dificultad para adoptar hábitos de interacción digital, como es el caso de las personas mayores o con determinadas discapacidades.
