30 de octubre de 2026

El doble juego de Rusia: lanza un misil balístico al tiempo que ofrece paz a Ucrania

Queda ya prácticamente un único reducto en el Mariúpol sitiado en donde resisten las fuerzas ucranianas en sus últimos estertores, la acería Azovstal, que da al puerto y en cuyos pasadizos subterráneos se cobijan también más de un millar de civiles. Las tropas rusas y los rebeldes separatistas de Donetsk aseguran que controlan el resto de la ciudad y ayer lanzaron un nuevo llamamiento a sus defensores para que depongan las armas, el tercer intento después de que fracasaran el del domingo y el del martes.

Ante esta situación, el Gobierno de Kiev sostiene haber logrado un acuerdo «preliminar» con Rusia para abrir un corredor que permita sacar de Mariúpol a 6.000 civiles. Durante los últimos cuatro días no se ha podido evacuar a nadie debido a la falta de acuerdo con las tropas rusas.

«Dada la catastrófica situación humanitaria en Mariúpol, es aquí en donde centraremos ahora nuestros esfuerzos. Hemos conseguido consensuar preliminarmente un corredor humanitario para mujeres, niños y ancianos», afirmó ayer la viceprimera ministra ucraniana, Irina Vereshuk.

Según sus explicaciones, «la columna de refugiados se moverá desde Mariúpol hacia Zaporiyia». Por su parte, el alcalde de esta ciudad portuaria, Vadim Boichenko, que salió de allí hace unos días, aclaró que «todavía tenemos que trabajar para abrir el corredor, lo que escuchamos hoy sobre 90 autobuses y 6.000 ciudadanos que podrán llegar a Zaporiyia es algo preliminar. Además quedan más de 100.000 personas en la ciudad que esperan la evacuación (…) pronto sabremos si este plan se podrá implementar».

Boichenko aconsejó a la población aprovechar cualquier posibilidad de huir de una ciudad en donde hace tiempo que no hay suministros de alimentos ni agua potable. Tampoco hay fluido eléctrico ni condiciones para atender a los numerosos heridos.

Más de 20.000 cadáveres esparcidos por las calles

«No tengan miedo y salgan hacia Zaporiyia, en donde recibirán toda la asistencia necesaria: alimentos, medicinas, artículos de primera necesidad y, lo más importante, estarán a salvo», decía Boichenko en la cuenta de Telegram de la administración municipal. La última evacuación organizada desde Mariúpol, en coordinación con Rusia, tuvo lugar a principios de marzo. A partir de ahí, la ciudad quedó sitiada, lo que produjo de forma paulatina la catástrofe humanitaria que se observa en la actualidad, tras casi dos meses de combates. Se calcula que hay unos 20.000 cadáveres en la ciudad esparcidos por las calles y las viviendas sin contar los ya enterrados en los patios de las casas.

Los rebeldes de Donbass quieren anexionarse Mariúpol por la importancia estratégica de su puerto en el mar de Azov y porque su control permitirá afianzar la conexión por tierra con la península de Crimea desde Rusia y el Donetsk secesionista. «Vivimos tal vez nuestros últimos días, puede que horas», reconoció desde los sótanos de Azovstal Serguiy Volyna, jefe de la Brigada de Infantería de Marina número 36 de Ucrania. Afirmo que el adversario les supera en número de hombres en una proporción de «diez a uno».

Los cabecillas de la autoproclamada República Popular de Donetsk emitieron ayer un comunicado anunciando que «cinco militares ucranianos depusieron las armas y abandonaron por su propia voluntad la fábrica Azovstal». El día anterior, afirmaron en otra nota de prensa que habían sido evacuados 140 civiles.

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