El peso emocional del momento como base de una decisión de tipo militar
La evidencia de la amplia oposición interna explica que la potencia del norte estuviera dispuesta a aceptar las exigencias de Venezuela en la Organización de Estados Americanos tras el atentado contra el presidente Rómulo Betancourt, organizado por el Servicio de Inteligencia Militar.
Al amparo de este giro, derivado de la confluencia entre el incremento de la resistencia y las transformaciones en el escenario internacional, desde 1960 un sector de la burguesía tradicional, cobijado detrás de la Iglesia y de Estados Unidos, se planteó confrontar a la dictadura. Aunque de manera imperceptible, una porción de la burocracia gobernante comenzó a albergar expectativas de un cambio político.
¿Podía haber una alteración mayor en un ordenamiento que escasos meses antes parecía inexpugnable? Sin embargo, la expedición se había saldado en un fracaso militar. No podía ser de otra manera, analizado el punto en forma retrospectiva.
El paradigma cubano resultaba inaplicable en República Dominicana, donde la oposición organizada era reducidísima, la generalidad del campesinado se adhería al régimen, no había antecedentes de luchas populares que hubiesen dejado una conciencia social de corte moderno y el régimen extremaba controles que daban lugar a un estado profundo de temor.
El punto de mira
Al concebir la expedición, organizadores y participantes partieron de la convicción de que esta tendría un amplio margen de éxito. No comprendieron suficientemente las características del despotismo trujillista.
Es lo que había llevado al Partido Socialista Popular en el exilio a condenar el procedimiento expedicionario como «aventuras armadas», a partir de las experiencias de Cayo Confites y Luperón.
Todos a una
Pero desde el mismo inicio de 1959 esta convicción fue sacudida, cuando la mayor parte de la diminuta membresía del partido comunista se adscribió al proyecto de la expedición.
Brunilda Soñé, esposa del militante José Arismendy Patiño, ha rememorado que si el partido se hubiese opuesto a los planes expedicionarios los que se enrolaron hubieran desconocido la disciplina. Aun cuando varios de ellos tenían nociones acerca de la realidad cubana previa a 1959, en medio del fragor de las ilusiones no calibraron las diferencias de los procesos de Cuba y República Dominicana.
