4 de julio de 2026

El bloqueador no ayuda, pero evita descubrir el dopaje

Cuando en mayo de 2018 Robinson Canó fue suspendido por fallar a la primera prueba de dopaje entre su amplia legión de  simpatizantes quedó el argumento defensor de que se trataba de un diurético… que no ayuda a mejorar el rendimiento.

La sustancia que «envenenó» el legado de Canó ese año fue furosemida, la misma que acaba de enlodar la carrera de la voleibolista Lisvel Eve Mejía en la víspera de los Juegos Olímpicos. Entre quienes se solidarizan con «La China» cuestionan la severidad de la WADA contra estas «píldoras de agua».

Pero en noviembre de 2020, ya con 37 años, el intermedista petromacorisano sirvió de ejemplo del porqué el Código Mundial Antidopaje es implacable contra los diuréticos, puesto que sirven como bloqueadores para identificar sustancias vetadas.

Esa segunda sanción se debió a que en el cuerpo de Canó se encontró stanozolol, un esteroide anabolizante con propiedades similares a la hormona de crecimiento testosterona.

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