El reto de envejecer con dignidad en la República Dominicana
A sus 81 años, don Miguel se mantiene activo en su trabajo. El abogado y comerciante se encarga del pago de todos los servicios de su hogar, incluyendo mantenimiento del edificio, luz, agua, teléfono y supermercado.
A esto se suman unos gastos enormes en medicamentos, tanto propios como de su esposa, quien desde hace cuatro años se jubiló y es paciente diabética.
«Soy el proveedor de la casa, aunque quiera, no puedo dejar de trabajar. Es difícil porque ya estoy cansado. Solo en la última cita al oculista a mi esposa le inyectaron un medicamento que cuesta 53 mil pesos el pinchazo en cada ojo», comentó.
El envejeciente conoció desde muy niño la cultura del trabajo y creó hábitos de ahorro que, al día de hoy, han sido su principal sustento. «Pero los ahorros se agotan», destacó.

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