Una semana con el Nest Audio: el «HomePod de Google» que quiere camuflarse en tu salón
El mercado de los altavoces inteligentes es muy heterogéneo. Está dominado, sin embargo, por dos marcas, Google y Amazon. Ambos fabricantes han tirado en los últimos tres años la casa por la ventana multiplicando su inventario con infinidad de propuestas. Su objetivo es llenar los hogares con estos aparatos. La excusa es el audio: lo que importa en realidad es la «inteligencia» que lleva detrás. Pero hay excepciones.
Nest Audio es uno de los últimos dispositivos de audio de Google. El mejor, sin duda, a nivel de calidad de todo su catálogo. De eso no cabe duda. Con un diseño elegante y minimalista, el aparato es compacto y de pequeñas dimensiones. Es más pequeño que el de su rival Apple, el HomePod. La estética es rectangular y, por qué no decirlo, hasta bonita: se camufla bien entre el mobiliario del salón o el dormitorio.
Ahí es donde mejor puede pegar, sobre todo, si se trata de la versión de color blanco. Le da un toque especial entre la decoración. No desentona, y eso es importante porque la tecnología debe tener una vocación de ser «invisible» para que funcione. En conjunto, pasa perfectamente desapercibido y está ahí cuando se necesite.
Un sonido mejor que sus antecesores
Pero al final no deja de ser un altavoz. En esta misión cumple con creces su objetivo. Supera al Google Home original. El salto es bastante grande. La calidad de audio es buena en comparación con otras propuestas de la marca. Se queda un tanto por debajo de otros rivales. Trabaja de manera óptima las frecuencias medias y ofrece una nitidez y limpieza en su sonido, logrando separar las frecuencias bastante bien.
Se echa en falta algo más de potencia y graves más profundos. El tipo de música reproducida influye, no obstante, en el resultado porque, a veces, los agudos se sobreexageran. Para ello se sirve un altavoz para agudos de 19 milímetros y otro para graves de 75 milímetros. En conjunto, la experiencia es acorde a su tamaño. Y, por cierto, cuenta con una tecnología llamada Ambient IQ, que ajusta el volumen del software de voz en función del ruido existente en la habitación.
