El giro hacia la IA alimenta el miedo y la molestia en Meta
Despidos en cascada, vigilancia de los empleados, fuga de cerebros: en Meta, la carrera hacia la inteligencia artificial (IA) se paga con un clima interno tóxico que ni siquiera la prosperidad del gigante tecnológico puede calmar.
Desde hace más de un año, la casa matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp vive al ritmo de los recortes de personal, de una reorganización caótica de su investigación de IA y de una intensa presión sobre sus empleados.
Este malestar contrasta con su situación financiera. Impulsada por la publicidad, que representa la mayor parte de sus ingresos, Meta obtuvo ganancias de casi 23,000 millones de dólares en el primer trimestre, un aumento del 30 % interanual.
Pero los gastos de su inversión en IA se han disparado. Mark Zuckerberg, su fundador con poder casi absoluto, decidió imponer a sus equipos recortes drásticos y una mayor supervisión.
Este año la empresa eliminó unos 8,000 puestos, cerca del 10 % de su plantilla. Los despidos, las supresiones de puestos y los traslados forzados afectaron a casi una quinta parte de los empleados en un año.
