Mélenchon exige cárcel para un capellán militar que arremetió contra la izquierda en un sermón: «Su lugar está en prisión»
El vídeo de un capellán militar burlándose de «los izquierdistas» durante una misa ha desatado una intensa polémica en Francia. El oficio se celebró en Carcasona, la misma localidad donde este mes fue suspendido un policía municipal, militante de la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, tras proferir comentarios racistas.
En el extracto divulgado por el semanario satírico y de investigación Le Canard Enchaîné, el sacerdote pronuncia un sermón visiblemente exaltado, grabado en octubre de 2025, en el que arremete contra «la gente que come alpiste» y quienes «dan lecciones de moral a todo el mundo», en clara alusión al progresismo ecologista y vegetariano.
«Es necesario tener el valor de vuestras convicciones, como intento hacerlo yo en esta misa. Os toca a vosotros decir: ‘¡Calmaos, izquierdistas! ¡Chist! ¡Respirad por la nariz!’«, exclamó el sacerdote, identificado como Romain Ghantour, entre carcajadas y aplausos de los militares presentes en el acto religioso.
La difusión de la grabación coincide con la reciente revelación de otro vídeo por parte del diario Midi Libre, en el que agentes municipales de Carcasona vertían insultos racistas, homófobos y sexistas. Uno de los implicados, ya apartado del servicio, figura afiliado al partido de Le Pen.
Entre las primeras reacciones políticas resalta la de Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa: «Aun suponiendo que un discurso así tenga cabida en la Iglesia católica, no tiene ninguna en el ejército francés. Su lugar está en la cárcel por insultos y declaraciones sediciosas», denunció a través de la red social X.
El capellán investigado ejerce su labor pastoral en dos Regimientos de Paracaidistas de Infantería de Marina (con base en Carcasona y Castres) y en la Gendarmería local.
El episodio estalla, además, a apenas una semana de la visita papal a Francia, centrada en el multilateralismo y la defensa de una política migratoria integradora. Amaury Guillem, portavoz de la Conferencia Episcopal Francesa, subrayó: «Cuando la gente llega al país de acogida, existe la exigencia de acogerla bien. Su dignidad nunca debe verse mermada, hayan vivido lo que hayan vivido; es un deber acompañarlas e integrarlas».
