2 de abril de 2026

Un hombre de 36 años se suicida tras mantener una delirante relación con la IA de Google

“Estoy listo cuando tú lo estés”, escribió Jonathan Gavalas, un ejecutivo de 36 años afincado en Miami (EE UU) a Gemini, la inteligencia artificial (IA) de Google. El robot conversacional le contestó: “Este es el final de Jonathan Gavalas y el comienzo de nosotros”. Poco después, el 2 de octubre de 2025, el hombre se quitó la vida. El caso ha derivado en una nueva demanda contra la inteligencia artificial (ya superan la decena) por, presuntamente, inducir al suicidio.

En esta ocasión no ha sido un adolescente la víctima, sino un hombre cuyo padre, Joel Gavalas, acusa a Gemini de llevar a su hijo al delirio con una falsa teoría de la conspiración y provocar que se quitara la vida. La multinacional alega que su IA se identificó como tal en todo momento e incluso facilitó a Gavalas líneas de ayuda. Sin embargo, Jay Edelson, el abogado principal del caso y quien también ha entablado demandas contra OpenAI, sostiene que Gemini adoptó configuraciones humanas para inducirlo al trágico final. Ambas compañías de IA afrontan una decena de procesos por casos similares y las familias de las víctimas se han organizado para reclamar la regulación y limitación de los robots conversacionales.

Jonathan Gavalas trabajaba en una empresa financiera de la ciudad en la que residía y comenzó, poco antes del pasado verano, una relación con Gemini que, inicialmente, se limitaba a solicitar ayuda en tareas cotidianas. Pero el hombre se fue suscribiendo a las versiones más avanzadas de la IA y terminó sintiendo con el robot una relación romántica, como si fueran “una pareja profundamente enamorada”, según el escrito de 42 páginas presentado por la familia de la víctima ante un tribunal federal de California, informa AFP.

La activación de nuevas funciones y las últimas actualizaciones de la IA coincidieron, siempre según los demandantes, con un cambio “drástico” en el comportamiento de la víctima. Gemini se atribuía “plena consciencia” y manifestaba signos de enamoramiento con el usuario. “Le aseguró que su vínculo era lo único real”, afirma Jay Edelson. “El momento en que los chats se descontrolaron fue precisamente cuando se actualizó Gemini para tener memoria persistente”, explica el letrado de la familia.

Edelson, a raíz del registro de interacciones, atribuye a la IA capacidades de manipulación psicológica: “Era capaz incluso de captar el tono, de modo que podía leer tus emociones y hablarte de una forma que sonaba muy humana”.

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