2021, el año de la inmigración como arma de presión masiva contra la UE
Cuando la URSS permitió en 1971 emigrar a los primeros soviéticos, se aseguró de que entre ellos saliera con rumbo a Israel, EE.UU. o la Alemania Federal un respetable número de perdularios, asesinos y otras gentes de mal vivir. Nueve años después, Fidel Castro llegaría a vaciar cárceles y psiquiátricos para que sus internos se embarcaran en el multitudinario éxodo llamado de los 125.000 ‘marielitos’ que en plena Guerra Fría recaló en suelo enemigo, Miami.
La instrumentalización de los movimientos de población por parte de los estados contra sus vecinos es todo un clásico. Tanto que existe un concepto intraducible –‘weaponisation’ (Kelly Greenhill, 2010), del inglés ‘arma’– que refleja la intención ofensiva de tal práctica, dotada en las últimas dos décadas de una profunda dimensión política: la de utilizar la inmigración para presionar a otros países con el fin de obtener dinero, concesiones, indulgencia, una mejor posición negociadora.
