25 de junio de 2026

40 segundos entre dos terremotos: la noche que partió a Venezuela

Eduardo Alfonso tiene las palmas en carne viva y la cara cubierta de un polvo grisáceo que se le mete en los ojos cada vez que parpadea. Es paramédico de la brigada Ángeles de la Autopista, pero esta noche la emergencia no es en una carretera. Está de rodillas frente a lo que queda del edificio Rita, en San Bernardino, escarbando con las manos entre bloques de hormigón porque no tiene otra cosa. El olor es lo que más cuesta describir: cemento triturado, humedad de tuberías reventadas y algo metálico que se queda pegado al paladar.

Eduardo vive a dos cuadras. Conoce a la gente que está debajo. «La gran mayoría de las personas que están adentro las conozco», me cuenta sin levantar la mirada. «Es bastante difícil». A su lado, otro voluntario iluminado apenas por los faros de una ambulancia repite lo mismo con otras palabras: «Nos hacen falta muchas herramientas especializadas que no tenemos». Hasta la medianoche habían sacado a tres personas vivas. Trataban de llegar a una cuarta, atrapada en lo que solía ser el piso dos. De vez en cuando alguien pedía silencio absoluto y todos se quedaban quietos, conteniendo la respiración, intentando escuchar un golpe debajo de la masa de concreto.

A unos metros de Eduardo, María Reimontes lleva horas de pie con los brazos cruzados sobre el pecho. No por frío, aunque la madrugada caraqueña ya lo trajo. Los cruza porque no sabe qué hacer con las manos mientras espera. Ibrahim Brea, el hijo de 32 años de su esposo, estaba en el piso cuatro del Rita junto a su novia cuando todo se vino abajo. «Mi esposo empezó a llamarlo y no contestó», explica María con una voz plana, sin inflexiones. «Estábamos cerca, vinimos y en lo que llegamos ya vimos esto». Su esposo tuvo que irse un momento a buscar ropa de abrigo. María se quedó sola frente a la montaña de escombros, sin moverse. «Estamos aquí enfocados», dice, como si nada más existiera. «Solo he escuchado que se cayó la Maternidad Concepción Palacios, lo he escuchado de dos fuentes, me imagino que es cierto». No sabe nada más del resto del país. No quiere saberlo.

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