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El caso de Wander Franco ha abierto una discusión que trasciende el ámbito deportivo y judicial. Más allá de la condena contra el pelotero por abuso sexual de una adolescente de 14 años, las motivaciones orales del tribunal han generado fuertes cuestionamientos por el lenguaje utilizado por el juez José Núñez, señalado por expertos y juristas como impropio, sexista y revictimizante.
Durante la exposición de los argumentos que sustentaron el «perdón judicial» concedido a Franco, el magistrado empleó expresiones como «mujeres fáciles de consecuencias difíciles» y afirmó que el caso no se trataba simplemente del reproche a «una relación, tal vez anómala, entre un adulto y una menor de edad».
Las expresiones provocaron reacciones inmediatas debido a que, para especialistas en derecho y violencia de género, introducen estereotipos machistas en un proceso relacionado con abuso sexual infantil. La principal crítica apunta a que el discurso judicial desplaza parcialmente la responsabilidad del adulto hacia la víctima y su entorno familiar.
La expresión «mujeres fáciles de consecuencias difíciles», atribuida por el juez a Nelson Ned, ha sido considerada especialmente inapropiada por referirse indirectamente a una menor de edad bajo categorías morales vinculadas a la conducta sexual femenina. Para analistas, ese tipo de formulación reproduce prejuicios históricamente utilizados para justificar o relativizar agresiones sexuales.
Igualmente controvertida resultó la referencia a una «relación, tal vez anómala». Juristas sostienen que el uso de ese término minimiza la naturaleza del hecho imputado, pues no se trata de una relación irregular o cuestionable desde el punto de vista moral, sino de una conducta tipificada penalmente.
