Casi dos millones de refugiados han regresado ya a Ucrania
La situación actual de la estación de tren de Przemysl, en la frontera entre Polonia y Ucrania, no tiene nada que ver con la de hace dos meses. El coqueto recibidor de este edificio del siglo XIX, que se convirtió en el principal punto de entrada para los ucranianos que buscaban refugio en la Unión Europea tras la invasión rusa, ya no está tomado por decenas de ONG ofreciendo todo tipo de ayuda y periodistas retransmitiendo en directo desde cada esquina. Los pasillos tampoco están abarrotados de gente durmiendo en el suelo. Salvo por un puesto informativo, una mesa en la que se ofrecen tarjetas de teléfono móvil gratuitas y algunos voluntarios con petos amarillos que ayudan con las maletas, la última estación polaca en la línea que une a ese país con Ucrania parece ahora un lugar cualquiera.
Eso sí, el flujo de viajeros sigue siendo muy elevado. Lo que ha cambiado es el sentido de su trayecto. Si antes los trenes llegaban abarrotados de Ucrania y volvían vacíos a Leópolis o Kiev, ahora es al revés: las interminables colas para pasar el control de inmigración se dan en el andén número cinco para subir al tren 716, que recorre en algo más de doce horas los 650 kilómetros que separan Przemysl de la capital ucraniana. A bordo viajan sobre todo mujeres y niños, los mismos que en marzo huyeron de la ofensiva ordenada por Vladímir Putin.
