Caso Quemados, durante la dictadura chilena: «Sentí la gasolina derramándose sobre mí y el sonido del encendedor»
Nacido en Valparaíso, Rodrigo Rojas de Negri era hijo de una militante comunista. En 1976, cuando el niño tenía 10 años y el régimen militar chileno avanzaba contra sus opositores, Verónica de Negri, su madre, lo envió a vivir con familiares en Canadá, temiendo por la integridad del joven. La dictadura pinochetista ponía en riesgo a todos los que no estaban con ellos.
Allí, Rodrigo estudió fotografía y desarrolló una pasión obsesiva por su país. «Su habitación estaba llena de banderas y fotos de Chile, sus cantantes, sus paisajes. Yo prefería que no regresara antes de la redemocratización del país, pero él insistió y yo no podía quitarle ese deseo», relata Verónica.
En 1986, el joven regresó a Chile. Tenía 19 años y estaba animado por una sensación común en ciertos sectores de la sociedad de que el régimen se estaba debilitando y que el fin de la dictadura no tardaría en llegar. Este ambiente alimentaba las manifestaciones callejeras, algo que antes estaba completamente prohibido durante los llamados años de plomo de la dictadura a principios de los años 70 del siglo pasado.
