30 de octubre de 2026

Curar heridos rusos: el dilema de Hipócrates

Pocas razones para vislumbrar un rasgo de humanidad en una guerra son tan poderosas como el respeto a los prisioneros y la cura de sus heridas. Así lo dispone la última Convención de Ginebra, de 1949, que establece que los soldados enemigos heridos en combate sean tratados «igual que los propios». Ucrania ha manifestado oficialmente que se adhiere a esa norma. Rusia no ha hecho ningún comentario al respecto, y a diferencia del régimen de Kiev se niega además a dar cifras. Moscú se limita a hablar de «bajas significativas» en la guerra en Ucrania, tanto en número de muertos como de heridos o desaparecidos.

El Gobierno de Zelenski dio esta semana la cifra de casi 27.000 militares rusos muertos en los más de dos meses de ofensiva; el número de prisioneros y heridos entre la fuerza invasora se supone que es muy superior.

Varios informes periodísticos dan fe del esfuerzo que Ucrania realiza para respetar los compromisos de Ginebra en el tratamiento de los prisioneros de guerra rusos. El último, el realizado por la agencia France Presse en el hospital militar de Zaporiyia, una ciudad del sur de Ucrania relativamente en calma tras el desplazamiento del frente varias decenas de kilómetros hacia el este.

El hospital trabaja sin descanso las 24 horas para atender a centenares de heridos, tanto civiles y militares ucranianos como soldados rusos. Las ventanas del recinto están cubiertas con gruesas lonas, y por la noche los médicos y enfermeros evitan al máximo el uso de la luz eléctrica para no ser blanco fácil para la aviación rusa. La semana pasada, la Organización Mundial de la Salud (OMS) deploró que más de 200 centros de salud ucranianos fueron atacados desde que comenzaron las hostilidades. Ucrania habla de más de 600.

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