30 de octubre de 2026

Emiratos da la espalda a su contrato militar con EE.UU. por las exigencias sobre China

Los caza F-35 son la joya de la corona del Ejército de EE.UU., un arma poderosa, avanzada, inigualable en el espacio aéreo. También un arma diplomática, con la que la primera potencia mundial unge a sus socios más fiables. Y que le sirve para recompensar o castigar a sus aliados. Entre los últimos, Turquía, que se quedó sin las treinta naves que había acordado con EE.UU. -y un total de 120 a largo plazo- por el contrato que Recep Tayyp Erdogan firmó con Rusia para acceder a sus misiles antiaéreos S400.

Con Emiratos Árabes Unidos (EAU) ocurrió lo primero. El Gobierno de Donald Trump celebró la participación del país del Golfo en los llamados Acuerdos de Abraham – procesos de paz entre Israel y varios países árabes

, como EAU, Baréin o Marruecos- con un regalo en forma de contrato militar multimillonario: la compra de cincuenta cazas F-35, y 18 drones armados MQ-9B, una operación de 23.000 millones de dólares.

El contrato se firmó en noviembre del año pasado, en las últimas semanas de Trump como presidente. El acuerdo rubricaba un creciente acercamiento de EE.UU. hacia el país del Golfo, en un momento en el que la relación con su gran aliado de la región, Arabia Saudí, se enturbiaba por los abusos en la guerra de Yemen o la muerte del disidente Jamaal Khashoggi (según la inteligencia de EE.UU., su asesinato a manos de un comando saudí en Estambul fue aprobado por el príncipe heredero, Mohammad bin Salman).

Joe Biden, que llegó a la Casa Blanca pocas semanas después de que el acuerdo estuviera alcanzada, tenía la potestad de suscribirlo o cancelarlo. Pero, de forma sorprendente, el contrato ha quedado en suspenso por decisión de la otra parte contratante, EAU. Y detrás de la debacle está el gran competidor económico, geoestratégico y militar de EE.UU.: China.

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