Friedrich Merz redobla la presión sobre Bélgica para desbloquear los activos rusos congelados
El canciller alemán, Friedrich Merz, intensifica su ofensiva diplomática para asegurar el respaldo de Bélgica a un ambicioso plan europeo que busca utilizar activos congelados del Banco Central de Rusia como garantía financiera de un préstamo destinado a sostener la ayuda militar a Ucrania. Esta noche, Merz cenará en Bruselas con el primer ministro belga, Bart De Wever, cuya oposición al uso de los fondos que su país custodia podría hacer fracasar la propuesta conocida como «préstamo de reparación» antes incluso de lanzarla. «Quiero hablar con De Wever lo antes posible para convencerlo de que abandone su oposición y así podamos avanzar», declaró el canciller poco antes de emprender viaje.
El encuentro -al que también asistirá la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen- llega en un momento crítico: los líderes europeos se preparan para una cumbre decisiva el 18 de diciembre, en la que la Comisión espera conseguir un compromiso firme de los Estados miembros.
Por su parte, De Wever se mostró dispuesto a conversar, aunque sin ceder: «Espero que sea una conversación fructífera y que encontremos una solución que podamos presentar a Europa en las próximas dos semanas», dijo a medios locales. Sin embargo, marcó claramente sus límites: «Todavía puedo determinar mi propia postura, incluso si hay vecinos grandes y fuertes, a quienes aprecio mucho y respeto políticamente, que me pidan hacer algo diferente. Solo tengo una responsabilidad: los intereses de los contribuyentes belgas«.
La fórmula impulsada por Bruselas pretende mantener congelados los activos -valorados en más de 210.000 millones de euros- pero emplearlos como garantía de un préstamo común europeo a favor de Ucrania. La Comisión ha propuesto utilizar el artículo 122 del Tratado de la UE, que permite tomar medidas excepcionales en caso de crisis, lo que permitiría evitar el veto de Estados reticentes como Bélgica.
Sin embargo, el Gobierno de De Wever mantiene una fuerte oposición, alegando que la medida representa un riesgo jurídico y financiero desproporcionado para su país, que alberga la mayor parte de esos fondos a través del sistema de compensación financiera Euroclear, con sede en Bruselas.
Desde la óptica belga, la operación podría abrir la puerta a reclamaciones legales por parte de Rusia y sentar un precedente internacional peligroso. Aunque Bruselas insiste en que no se trata de una confiscación, sino de un préstamo respaldado por activos, la frontera legal es borrosa. En una carta enviada a Von der Leyen el mes pasado, De Wever alertó sobre potenciales represalias de Moscú y la posibilidad de demandas directas contra Bélgica y Euroclear, si se activara el plan sin garantías jurídicas robustas. Merz, abogado y ex jefe en Alemania de BlackRock, la mayor gestora de fondos del mundo se resiste como político a los argumentos de Bélgica.
La doctrina de inmunidad soberana protege los fondos de bancos centrales extranjeros frente a embargos o expropiaciones. El temor de Bélgica -y de muchos analistas- es que si la UE utiliza esos fondos sin una base jurídica indiscutible, se debilite la confianza internacional en depositar reservas soberanas en entidades europeas, lo que podría desestabilizar los mercados financieros y provocar una fuga de capitales a plazas como Nueva York o Singapur.
Euroclear y el Gobierno belga han exigido garantías sólidas de que otros Estados miembros compartirán los riesgos jurídicos, financieros y geopolíticos. Hasta ahora, Francia y otros países se han mostrado reacios a emitir garantías nacionales, y el Banco Central Europeo ha rechazado proporcionar liquidez de emergencia si Euroclear fuera obligado a devolver los activos congelados a Moscú.
