25 de septiembre de 2026

Jugamos a ‘God of War: Sons of Sparta’: Kratos pierde su identidad a costa de un cambio de diseño radical

Cuando una saga que ha redefinido el videojuego de acción decide mirar atrás, el riesgo es tan grande como la expectativa. Eso es exactamente lo que ha ocurrido con ‘God of War: Sons of Sparta’, un ‘spin-off’ que nos ha pillado a todos por sorpresa y que abandona la épica cinematográfica de las últimas entregas para descender a un terreno mucho más austero: el de la acción lateral en 2D con alma de metroidvania. Ambientado en la juventud de Kratos y centrado en su relación con su hermano Deimos durante el entrenamiento en Esparta, el título —desarrollado por Santa Monica Studio en colaboración con Mega Cat Studios— no solo revisita los orígenes del Fantasma de Esparta, sino que pone a prueba hasta qué punto la identidad de la saga resiste un cambio de formato tan radical.

El mayor valor diferencial de ‘Sons of Sparta’ está en su ambición narrativa. Lejos de las epopeyas contra dioses y criaturas mitológicas, aquí el foco es íntimo: la relación entre Kratos y Deimos, la rivalidad fraterna y la presión del modelo espartano. El juego intenta añadir matices a un pasado que en la saga principal apenas se esbozaba, y para los más fans de Kratos, es todo un regalo. Hay más diálogo, más escenas de construcción emocional y un esfuerzo evidente por humanizar al protagonista antes de que se convierta en el símbolo de rabia que conocemos. Acompañado además por un perfecto doblaje al español, el apartado narrativo del título es lo más sobresaliente, y el motivo de peso, en singular, para jugar a ‘Sons of Sparta’.

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