La actriz porno y el candidato: el caso que cerca a Trump
Stormy Daniels firmó un contrato para tener la boca cerrada a mediados de octubre de 2016. Estampó su firma sobre el maletero de un coche, en el aparcamiento de un set de rodaje de una película porno en California. Daniels -su verdadero nombre es Stephanie Clifford- es una actriz del género, criada en esas comunidades del sur en la que hasta los blancos son pobres, ‘white trash’, basura blanca.
La otra parte del contrato también era blanco, pero de la otra punta geográfica y económica: Donald Trump, magnate neoyorquino del ladrillo, nacido millonario y, por entonces, a punto de convertirse de forma sorprendente e histórica en presidente de EE.UU.
El contrato era sencillo: Trump entregaría 130.000 dólares y la ‘pornstar’, su silencio sobre una relación extramatrimonial.
