La ‘guerra de los McDonalds’: la gran marca global, arrastrada por la violencia en Israel y Gaza
Thomas Friedman lo escribió en 1999 en su libro ‘The Lexus and the Olive Tree’: «Nunca ha habido dos países que tengan McDonalds que se hayan hecho la guerra». Su ‘teoría de los arcos dorados’, una referencia a la ‘M’ amarilla que es el símbolo de la cadena de comida rápida estadounidense, fue una exageración entonces -EE.UU. había invadido ya Panamá, India y Pakistán se enfrentaron aquel año en la guerra de Kargil, todos ellos con BigMac en sus grandes ciudades- y lo es mucho más ahora. Solo basta mencionar la invasión de Ucrania por parte de Rusia, un país donde la apertura del primer McDonalds en los años noventa fue uno de los símbolos del fin de la Guerra Fría y donde había cientos de McDonadls cuando Putin decidió atacar a su vecino (la cadena decidió después abandonar el país).
Ahora, en Oriente Medio, los restaurantes de McDonalds no solo han dejado de ser señal de la estabilización de un país, de su abrazo a la ‘Pax Americana’. En la guerra entre Israel y Hamás, sus hamburguesas se han convertido en arma arrojadiza, una pesadilla para una marca que triunfa por ser global y amable.
La agitación empezó pocos días después de los ataques terroristas de Hamás en Israel. La compañía que controla las franquicias en Israel, Alonyal Limited, anunció que estaba regalando miles de comidas a los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel, además de a hospitales en el país y ciudadanos en las inmediaciones de Gaza. En redes sociales, mostraban la preparación de miles de paquetes de comida para entregar al ejército. Además, ofrecía la comida a mitad de precio para todo aquel soldado o agente de las fuerzas de seguridad que se acercara a uno de sus restaurantes.
