2 de mayo de 2026

La vitrina de Simone: Biles quiere hacer historia en Tokio 2020

Simone Biles está muy atenta a toda la presión que la rodea. No se esconde ante la misma, más bien le abre las puertas. Nada más hay que fijarse en las lentejuelas con la imagen de una cabra que ocasionalmente ha lucido en sus mallas de competencia.

El símbolo —una manera simpática de referirse al acrónimo de “la más grande” en inglés — alude a su condición de la gimnasta más talentosa del planeta y las enormes expectativas que se esperan de ella.

Se trata de un delicado equilibrio, uno que captará la atención global cuando la estadounidense de 24 años salga a escena en Tokio. Sin presión. Lo único que tiene que hacer es superar su sublime actuación en Río de Janeiro, donde ganó cinco medallas (cuatro de oro) y entró al panteón de realezas olímpicas, donde están Michael Phelps, Usain Bolt y Nadia Comaneci.

Es una losa tremenda. Pero lo que se espera de ella palidece al compararse con lo que Biles se exige. Es lo que explica el por qué se puso a llorar en el torneo clasificatorio de Estados Unidos, cuando una mala noche en las finales le dejó frustrada y furiosa.

“Cualquier cosa que no sea mi mejor forma me saca de quicio», dijo Biles.

Esa motivación por la excelencia es lo que llevó a Biles de vuelta al gimnasio tras tomarse un año de descanso luego de su notable actuación en Brasil. Sus nuevos entrenadores, Laurent y Cecille Landi, le ayudaron a elaborar un plan de trabajo que no se limitó a recuperar las habilidades que le permitieron ser la mujer del mundo, sino consolidarse.

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