30 de octubre de 2026

Las dificultades del Kremlin para suplir las bajas de su Ejército

Rusia oculta las cifras reales de las bajas sufridas durante la invasión de Ucrania, pero, según el estado Mayor del Ejército ucraniano, ascienden a 26.000 militares muertos. El experto ruso en temas militares, Serguéi Zhirnov, calcula que Rusia envió 150.000 efectivos al comienzo de la invasión, de los que, según sus datos, 30.000 perecieron y, subraya, «por lo menos 60.000 pudieron resultar heridos». Más de la mitad de los componentes del operativo o casi los dos tercios habrían quedado fuera de combate.

Ante esta situación, el presidente Vladímir Putin podría movilizar a la población masculina y enviarla a luchar a Ucrania en el caso de que existiera una declaración de guerra previa. Pero el impacto que tal medida tendría en la sociedad rusa, en donde casi nadie está dispuesto a morir en una contienda cuyos fines son difusos (‘desnazificación’, ‘desmilitarización’, proteger a Donbass del genocidio, luchar contra la OTAN o eliminar la amenaza que supuestamente Ucrania supone para Rusia), parecen aconsejar limitarse por ahora a una ‘operación especial militar’, que es lo que Putin decretó el 24 de febrero.

El problema es que esta fórmula no permite legalmente obligar a nadie a combatir ni a echar mano de los jóvenes que están haciendo la mili. Todo el peso de la operación recae exclusivamente sobre los militares profesionales, los que ya pertenecían de antes a la Fuerzas Armadas rusas y los que, mediante contrato, se están alistando en medio de la campaña de enganche que el Ministerio de Defensa está impulsando para suplir las abultadas pérdidas que suman cada día sus efectivos.

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