20 de enero de 2026

Los impuestos progresivos impactan la riqueza que todos necesitamos

Diferentes voces, incluyendo el oficialismo, están expresando que es necesario aumentar los impuestos progresivos o gravar más a quienes generan mayores ingresos. Un análisis detenido revela que el diseño de los impuestos progresivos, aunque pudiera parecer bien intencionado, genera efectos no deseados sobre la economía en su conjunto. En particular, estos impuestos tienden a recaer de manera desproporcionada sobre las actividades que impulsan el crecimiento: el ahorro y la inversión y, en consecuencia, reducen los incrementos en productividad. Por consiguiente, esta dinámica no solo afecta a los contribuyentes de mayores ingresos, sino que repercute en la sociedad entera, limitando oportunidades para el grupo que más se perjudica, los trabajadores.

Para entender este fenómeno, conviene partir de principios básicos de economía. La progresividad impositiva implica que las tasas marginales aumentan a medida que lo hacen los ingresos, lo que en teoría busca redistribuir recursos hacia quienes menos tienen. O, simplemente, que quienes más producen, más impuestos paguen. En la práctica, sin embargo, este mecanismo desincentiva el esfuerzo adicional para generar riqueza y bienestar para la sociedad. Quienes invierten en nuevos proyectos —ya sea un empresario expandiendo su negocio o un profesional ahorrando para innovar— enfrentan una penalización. Los impuestos «a los ricos», en consecuencia, se convierten en una multa al progreso.

En República Dominicana, donde la inversión privada, la que proviene de los miembros de la sociedad civil en su sentido más estricto, es la clave para el desarrollo, los impuestos progresivos frenan la productividad. En economía existe lo que se ve y lo que no se ve. Cuando no se profundiza, o urge la prisa en recaudar, no se observan las consecuencias de las acciones secundarias de este tipo de política tributaria. Lo que no se ve, lo que no es tan fácil de observar, tiene efectos importantes para la economía.

Por ejemplo, la doble tributación, es decir, gravar las ganancias y luego los dividendos de los accionistas, produce un efecto sobre la creación de empleos y la modernización de sectores productivos. Se ven ganancias. Sin embargo, lo que no se observan son los mayores procesos productivos, la mayor cantidad de empleados que podrían contratarse y los mayores bienes y servicios que podrían producirse, cuando esas ganancias se transforman en nuevas inversiones.

En República Dominicana las empresas tributan al 27 %, una de las tasas más altas del mundo. Cuando se aplica la doble tributación, es decir, el impuesto a los dividendos, quienes arriesgan sus inversiones para producir y contratar personal, experimentan una tasa de 37 %. Ese 10 % adicional, contribuye a sabotear el progreso de los habitantes de República Dominicana.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *