Los rusos votan sin cambio a la vista en sus legislativas más dolorosas: «Moscú no es seguro y no se puede ni hablar del tema»
Hace dos años Olga pensaba que la anexión de Crimea era «lo correcto», que la guerra de Donbas había sido «necesaria» y que en la invasión de 2022 Rusia era «la víctima odiada por todos». Ahora solloza por teléfono: «A mi hermano lo han matado allí (en el frente, pero prefiere no decir la palabra en alto), estoy tratando de recuperar el cadáver y no nos hacen caso en ninguna parte, no entiendo qué hacen con la gente ahí».
En 2023 Ksenia participó con patriotismo junto a su hijo en los rituales propagandísticos que el Gobierno ruso introdujo en los centros escolares tras el inicio de la invasión de Ucrania, pero el mes pasado dejó su piso nuevo en las afueras de Moscú para mudarse «temporalmente» para afincarse en una capital asiática: «Ahora mismo Rusia no es seguro para nadie, y ni siquiera se puede hablar de ello, la gente prefiere hacer como si nada pero yo no soy así». Y Konstantin, criado en San Petersburgo, nunca estuvo interesado en lo que hacía el gobierno, hasta que el gobierno se interesó por hombres como él: huyó del país con la movilización de septiembre de 2022, pero regresó cuando la situación se estabilizó. Acaba de mudarse a Dubai con su familia: los drones que Ucrania mete cada vez más dentro le hacen temer por sus niños pequeños: «Volveremos cuando se aclare un poco todo esto».
Los rusos votan entre hoy y el domingo en sus primeras elecciones legislativas desde la invasión. Hace años que los comicios no son complicados para Vladimir Putin, pero estos son muy difíciles para la gran baza electoral, los indiferentes: la guerra corta que les vendieron se alarga sin fin a la vista, tampoco ha resultado lejana porque se manifiesta en drones agujereando casas y almacenes ardiendo, y encima parece cada día más dolorosa en términos de bienestar porque en ocasiones falta gasolina y los precios han subido una barbaridad. Si 2022 fue el shock de los rusos que no querían invadir a sus vecinos, 2026 ha sido la quiebra emocional de los indiferentes: los que querían mirar para otro lado no tienen hoy donde mirar.
Putin conservó durante cuatro años un apoyo alto sin lograr un entusiasmo equivalente por la invasión. El PIB creció apenas un 1% en 2025 y un 0,6% en el primer semestre de 2026, mientras el gasto militar absorbe recursos y la economía civil se debilita. El centro Levada registró en agosto problemas de internet móvil para el 68% de los consultados, dificultades con mensajería para el 63% y escasez de gasolina o gasolineras cerradas para el 65%.
También se ha vuelto más invasivo el reclutamiento. Desde este año funciona todo el año y se ha digitalizado, con sanciones para quienes eviten el llamamiento. Las citaciones para «actualizar los datos» alimentan la inquietud, aunque el Gobierno niegue una movilización. El miedo a una nueva ronda de reclutamiento forzoso sigue patente, sobre todo en los hombres: «Casi todo el mundo que conozco se queja de la falta de sentido de todo lo que hacen», explica Ruslán, residente en Moscú adentrado en la treintena.
En 2025 se vendieron un 12% más de ansiolíticos que en 2022. Y las entidades que ayudan a emigrar han visto multiplicarse las consultas este verano: la ONG Kovcheg recibió casi ocho veces más que en mayo.
Alexandra vivió el inicio de la guerra con el fastidio de la restricción de vuelos, pero sin querer pensar en las casas ucranianas arrasadas. Incluso empezó un nuevo negocio con la importación de productos sancionados desde terceros países, con el dinero que ganó en 2024 pudo irse a una casa grande en el extrarradio, pero este año se ha mudado por segunda vez: «Estamos muy expuestos a los drones, no quiero que los niños vivan ahí». Por primera vez ha entrado en grupos de Telegram prohibidos, donde se ha enterado con un cuarto de siglo de retraso de investigaciones sobre los desmanes de los primeros años del putinismo.
Irina, en cambio, percibe la energía opuesta cuando habla con conocidos que están en el frente: «Gente siempre bastante desapasionada ahora han comprado la narrativa del peligro del nazismo ucraniano. Ese radicalismo belicista es precisamente el que el Kremlin ha querido integrar en las listas electorales. Casi 200 combatientes de Ucrania concurren a estas legislativas, que Putin quiere convertir en otro selfie patriótico con su pueblo.
