Monjes, azafatas y mochileros: las «mulas» de la droga que salen de Tailandia
Cuando los agentes de aduanas del aeropuerto de Colombo (Sri Lanka) pidieron a los monjes que abrieran sus maletas, de repente encontraron 110 kilos de kush, una potente variedad de marihuana, escondidos tras dobles fondos. Los 22 religiosos acababan de regresar de unas vacaciones de cuatro días en Tailandia pagadas por un misterioso benefactor. Aquello ocurrió en abril y resumía mejor que cualquier informe policial hasta qué punto las redes del narcotráfico habían encontrado en Tailandia un inmenso vivero de nuevos perfiles de mensajeros.
Las mafias ahora reclutan a monjes, azafatas, mochileros y estudiantes. Personas que, precisamente por parecer poco sospechosas, pueden cruzar fronteras con menos controles y mover pequeñas cantidades que, multiplicadas por cientos de viajeros, alimentan un negocio multimillonario.
Bangkok se ha convertido en uno de los principales escenarios de esta transformación. En la ciudad donde conviven los templos dorados, los mercados nocturnos y miles de dispensarios de cannabis, las organizaciones criminales han adaptado sus métodos con la misma rapidez con la que va cambiando la legislación sobre la marihuana.
La última alarma saltó tras la detención en Melbourne de una auxiliar de vuelo de Thai Airways acusada de introducir más de un kilogramo de heroína oculto en el forro de 12 bolsas de tela. La droga, valorada en unos 500.000 dólares australianos en el mercado negro, desencadenó una investigación conjunta entre Australia y Tailandia y abrió una incómoda pregunta: ¿están utilizando las mafias a las propias tripulaciones aéreas como correos internacionales?
Días antes de ese arresto, una azafata de una aerolínea regional recibió un mensaje privado en TikTok. «¿Vuelas a Australia? ¿Transportas equipaje? ¿Cuál es tu tarifa?». Ella lo ignoró. Pero aquella conversación reveló un sistema perfectamente organizado.
«Las mafias crean perfiles falsos en TikTok, Facebook o aplicaciones de mensajería para localizar empleados de aerolíneas que publiquen sus destinos o viajeros dispuestos a transportar paquetes de marihuana, cocaína, heroína o metanfetamina», relata otra azafata de una compañía asiática. «Todas conocemos a trabajadores que han recibido estos mensajes», asegura.
Una de los casos recientes más mediáticos fue el de Charlotte May Lee, una azafata británica de 21 años detenida el pasado mayo en el aeropuerto de Colombo nada más aterrizar en un vuelo procedente de Bangkok. Las autoridades aseguraron haber encontrado 46 kilos de kush en dos maletas.
Lee, que había viajado a Sri Lanka para renovar su visado tailandés tras pasar una temporada en Bangkok, sostuvo que fue utilizada como «mula» sin saberlo y que alguien introdujo la droga en su equipaje mientras estaba en Tailandia. Si finalmente es condenada, podría enfrentarse a una pena de hasta 25 años de prisión.
Con el caso de la heroína, según la Oficina de Control de Narcóticos de Tailandia, los traficantes la adquieren principalmente en Birmania, donde el cultivo de amapola ha alcanzado su nivel más alto de la última década impulsado por la guerra civil y el colapso económico, y utilizan Tailandia como plataforma logística para enviarla a mercados mucho más rentables como Australia o Taiwán. Muchas partidas interceptadas viajaban escondidas entre prendas de seda, paquetes de café y jarrones decorativos.
Pero si la heroína sigue el viejo corredor birmano, el cannabis ha abierto una ruta completamente distinta hacia Europa. En el norte de Inglaterra, la BBC descubrió que organizaciones criminales están inundando ciudades como Manchester, Liverpool o Sheffield con marihuana cultivada en Tailandia y vendida como si procediera de dispensarios de California. Un traficante llegó incluso a explicar cómo enviaba continuamente «mulas» desde Bangkok aun sabiendo que muchas terminarían detenidas.
