PRSC: ¿Abre sus puertas al mejor postor?
Por JUAN LÓPEZ
Justo en la conmemoración del 60º aniversario del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) haber llegado al poder (1ro. de julio de 1966), con el doctor Joaquín Balaguer como presidente de la República Dominicana (RD), la actual cúpula dirigente del PRSC decidió abrir sus puertas para candidatos de las próximas elecciones municipales, congresuales y presidenciales, con este objetivo:
“Convertir al PRSC en una plataforma de apoyo para ciudadanos sin militancia política que aspiren a cargos de elección popular en las elecciones de 2028.”
“La estrategia es abrir espacios a figuras de la sociedad civil y a jóvenes sin afiliación partidaria, con el objetivo de impulsar la renovación del liderazgo político y ampliar la participación ciudadana en la gestión pública.” Con ese manido eufemismo se preparan para realizar negociaciones mercuriales con personajes y enfluencers al estilo “Alofoque”, “Sujeto Oro 24” y “La Perversa”.
Sin embargo, detrás de esa apertura se esconde una estrategia distinta: utilizar la franquicia política del PRSC como vehículo electoral para captar figuras mediáticas, influencers y personajes de las redes sociales, privilegiando su capacidad de atraer votos y recursos económicos por encima de la construcción de un proyecto político sustentado en principios, ideología y compromiso con el interés nacional.
No es la primera vez que advertimos sobre el acelerado deterioro institucional del reformismo. El 4 de diciembre de 2022, publicamos una reflexión titulada «Extinción del PRSC: Negativo espejo político», en la que expresamos:
«El evidente proceso de extinción en que se encuentra inmerso el otrora poderoso PRSC constituye un negativo espejo en el que deberían mirarse los líderes y dirigentes de los partidos políticos dominicanos.»
También señalamos que las negociaciones carentes de principios, las alianzas coyunturales, el grupismo, el sectarismo y las ambiciones personales habían transformado al PRSC en una simple bisagra electoral, alejándose de la grandeza institucional que alguna vez lo caracterizó.
Los acontecimientos posteriores han confirmado aquella apreciación:
Durante más de dos décadas, el PRSC desempeñó un papel determinante en la vida política nacional. Bajo el liderazgo del doctor Joaquín Balaguer gobernó el país durante veintidós años, al obtener “las victorias” en seis procesos electorales (1966, 1970, 1974, 1986, 1990 y 1994), Hoy, sin embargo, la realidad es muy distinta.
El PRSC atraviesa por el momento más difícil de toda su existencia, tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo. Ha perdido presencia en el debate nacional, carece de incidencia en las principales discusiones sobre los problemas que afectan a la sociedad dominicana y su influencia electoral se ha reducido a niveles históricamente muy bajos.
Las cifras hablan por sí solas: En las elecciones de 2020 obtuvo apenas el 1.80 % de los votos válidos (73,913 sufragios), perdiendo así la condición de partido mayoritario. Cuatro años después, pese a formar parte de la alianza oficialista encabezada por el Partido Revolucionario Moderno (PRM), su desempeño fue aún más pobre: apenas alcanzó el 0.87 % de la votación nacional, equivalente a 38,126 votos.
Estos resultados evidencian que el problema del PRSC no radica únicamente en la ausencia de alianzas electorales favorables, sino en la pérdida progresiva de identidad política, liderazgo y credibilidad ante el electorado.
Frente a esa realidad, la nueva estrategia parece orientarse a convertir la organización en una plataforma electoral disponible para cualquier figura con notoriedad pública, independientemente de su trayectoria política, su formación o su compromiso con los principios que históricamente dieron origen al reformismo.
Se parte del supuesto de que la popularidad en las redes sociales puede sustituir el trabajo político, la formación ideológica y la construcción de liderazgo dentro de una organización partidaria. Es una apuesta riesgosa y vergonzante.
La popularidad digital puede generar atención momentánea, pero difícilmente sustituye la confianza ciudadana que solo se construye mediante propuestas, coherencia, trabajos sistemáticos y credibilidad.
Pretender recuperar el 5 % de la votación nacional únicamente mediante candidaturas mediáticas constituye, cuando menos, un cálculo excesivamente optimista y ajeno a la realidad socio-política y a las tradiciones del electorado dominicano.
Más allá del resultado electoral de 2028, la decisión de convertir al PRSC en una especie de franquicia política a disposición del mejor postor, plantea una reflexión mucho más profunda sobre el futuro del sistema de partidos de la RD.
Cuando las organizaciones políticas abandonan sus principios para convertirse exclusivamente en instrumentos electorales, terminan debilitando la institucionalidad democrática y contribuyendo al descrédito de la actividad política.
Si la actual dirigencia reformista insiste en ese camino, corre el riesgo de acelerar el proceso de desaparición política que desde el 2004 viene experimentando la organización.
Esta reflexión es una exhortación dirigida a los principales partidos de oposición, particularmente a la Fuerza del Pueblo y al Partido de la Liberación Dominicana, para que extraigan las lecciones que ofrece la negativa experiencia reformista.
La historia demuestra que los partidos políticos no desaparecen de un día para otro; se extinguen lentamente cuando sustituyen sus ideales por intereses circunstanciales, mercuriales y cuando en la búsqueda del poder implementan estrategias sectarias y desplazan la defensa de los valores que les dieron origen.
5 de julio de 2026.
