20 de junio de 2026

Tres décadas devolviendo la vista: la historia de Incocegla y su apuesta por los más vulnerables

Reina Hernández conoce bien la rutina de la sala de espera del Instituto Contra la Ceguera por Glaucoma (Incocegla). Sentada junto a su esposo, aguarda el llamado para la segunda cirugía que podría mejorar la visión del hombre con quien ha compartido gran parte de su vida.

A su alrededor, otros pacientes y familiares esperan con la misma mezcla de paciencia y esperanza. A sus 65 años, Hernández, residente en el Distrito Nacional, asegura que desde joven asiste a este centro oftalmológico, que, durante tres décadas, se ha convertido en un faro de esperanza para personas de escasos recursos.

A su esposo ya le habían operado una catarata y ahora regresaban para una nueva intervención: otra catarata y un pterigión, conocido popularmente como «uña». «Un trato muy divino. No podemos quejarnos», dice convencida.

Historias como la de Reina se repiten a diario en Incocegla, una institución nacida en el corazón del sector Cristo Rey, Distrito Nacional, y que acompaña a miles de pacientes en la prevención y tratamiento de enfermedades visuales. Cada día, el centro recibe a cientos de personas, realiza decenas de cirugías y mantiene viva una filosofía que combina tecnología, atención especializada y vocación de servicio.

Una casa alquilada y una misión

Incocegla nació en 1996, cuando el doctor Tomás Vargas, junto a un grupo de jóvenes oftalmólogos, decidió crear una institución accesible, frente a la elitista especialidad de la oftalmología. Desde una pequeña casa alquilada en la Avenida Nicolás de Ovando, el centro creció hasta tener un edificio de tres niveles y una capacidad de más de 900 consultas diarias.

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