«Un ruso borracho nos encañonó y nos violó incluso con objetos metálicos»
«Huí de mi casa y fui a la de una amiga. Seis días más tarde las tropas rusas ocuparon su pueblo. No nos fuimos porque no había gasolina, nos escondimos en el sótano de la casa. Solo salíamos para cocinar y a por agua. A la tercera noche, llegaron tres soldados rusos borrachos y uno dijo que se quedaba ahí con nosotras dos. Nos apuntó con el arma y nos obligó a desnudarnos y a satisfacerle sexualmente. Nos golpeó y mientras nos pegaba, nos decía que esa era la mejor vida que podíamos esperar. Nos violó, incluido por medios antinaturales, usando objetos metálicos. Volvió varias veces durante la semana a hacerlo una y otra vez». Kseniya, nombre real, de 36 años y vecina de un municipio del entorno de Kiev, que no se puede precisar, invadido durante las cinco primeras semanas de guerra, es una de las diez mujeres –o nueve, porque una es una niña de 10 años– que están siendo tratadas como supervivientes de una violencia aterradora por especialistas de la Health Right Organization de Ucrania, con base en Kiev, que dirige Halyna Skipalska.
