Venezuela, Siria, Armenia… el paraguas de seguridad de Putin existe, mientras no llueva demasiado
Moscú no puede mirar al Caribe porque apenas puede levantar la vista de Ucrania. Sin embargo, con los intentos de Donald Trump de dominar su entorno por encima de la ley el mundo se parece hoy más a lo que Vladimir Putin tiene en la cabeza.
La invasión a gran escala de Ucrania forma parte de una campaña más amplia para restaurar una esfera de influencia en la esfera postsoviética. Pero el precio que ha pagado ha sido descuidar todo lo demás. Su aliado en Siria, Bashar Asad, cayó hace un año y su proyección en el Cáucaso y Asia Central se ha apagado.
Durante años, Moscú ha presentado su red de alianzas como una alternativa más dura y fiable que la OTAN. Sin valores, pero con músculo. La experiencia reciente de Armenia, Siria y Venezuela muestra lo contrario: el paraguas de seguridad de Putin protege solo cuando conviene, y se pliega cuando el coste sube. Estos tres casos revelan la naturaleza de las alianzas de Putin: clientelares, no contractuales; radiales, no colectivas; temporales, no estructurales.
El caso de Venezuela expone el límite estructural del modelo ruso. Venezuela y Rusia firmaron un acuerdo de cooperación militar en 2001. Moscú ha respaldado a Nicolás Maduro con créditos, petróleo, información de inteligencia y apoyo diplomático, pero sin un tratado de defensa ni voluntad de confrontación directa con Estados Unidos. El núcleo duro del trato era la venta masiva de armamento financiada en parte con créditos rusos a la era Chávez: cazas Su-30, helicópteros, sistemas de defensa aérea, vehículos, fusiles y proyectos como una planta de Kalashnikov. Después de 2013, la crisis venezolana frenó nuevas compras, pero siguió la cooperación de mantenimiento, repuestos y formación.
En marzo de 2019, Moscú reconoció la presencia de personal ruso en Venezuela y la enmarcó en acuerdos militares existentes, insistiendo en que era cooperación técnica, no una fuerza de combate. La presencia era limitada y diseñada para sostener al régimen y molestar a Washington. Pero no ha servido de nada.
