Vidas mutiladas por la guerra
«Un soldado ruso joven, nervioso, entró en el sótano en el que nos escondíamos veinte vecinos y ordenó a todos los hombres presentes que saliéramos en diez segundos. Yo tardé un poco más, se acercó, me apuntó y me disparó en la pierna», recuerda Vasyl desde la cama en la que se recupera en el hospital comarcal de Brovary, principal ciudad al este de Kiev y refugio ahora de desplazados y heridos por los combates. Su esposa, Zina, no se separa un minuto. Ni ahora, ni cuando fue herido. «Tenía vendas y analgésicos porque soy enfermera, le hicimos un torniquete de emergencia y le logramos salvar la vida. Tardamos dos días en lograr el permiso para evacuarle por uno de los pasillos humanitarios.
