Yenín despide a los muertos en un campo de refugiados arrasado tras los enfrentamientos con el Ejército israelí
Israel retiró a sus soldados y las armas callaron en el campo de refugiados de Yenín, al norte de Cisjordania. Fueron 44 horas de operación militar que dejaron 12 palestinos, tres de ellos menores, y un soldado de las fuerzas especiales muertos, además de 120 heridos que recordaron los años más duros de la segunda intifada. Cientos de familias que escaparon de los combates regresaron al campo y se encontraron con partes enteras arrasadas por los misiles lanzados por los drones de Israel, el fuego y la maquinaria pesada empleada por los uniformados.
Sin tiempo para retirar los escombros, el campo se vistió de luto para despedir a los caídos en una gran procesión fúnebre en la que tomaron parte muchos de los milicianos que escaparon por un túnel al llegar los soldados y regresaron tras su retirada.
El ministro de Defensa, Yoav Gallant, declaró que sus tropas cumplieron con éxito la misión de «destruir la infraestructura terrorista» y «una enorme cantidad de armas y explosivos», pero admitió que es un éxito parcial porque en el futuro «serán necesarias una o dos operaciones más» para acabar con la amenaza de la Brigada de Yenín, grupo formado por milicianos de Yihad Islámica y Hamás. Gallant admitió que «más de la mitad» de los 300 combatientes del grupo huyeron.
